sábado, 13 de septiembre de 2014

UN GATO MUY PÍCARO

El gato negro de Martín ha adquirido una popularidad inusitada y aparece en todos los canales de la tevé porque habla, bueno, siempre repite palabras tales como ¿qué tal?, ¡hola!, ¡buenas noches!, ¡hasta luego! El gato se llama Félix, pero Martín lo ha dado a conocer públicamente con el apodo de Charly. Lo cierto es que, más allá de semejante hallazgo universal, que ni los propios científicos aún pueden explicar, y eso que se esmeran por justificarlo, su cuenta bancaria se ha agigantado lo suficiente como para construirle un castillo felino, pero Charly sigue durmiendo en el lavadero, entre el lavarropas y una jaula para loros. Son pocos lo religiosos que ignoran el suceso y el Papa ya ha ordenado una investigación. Es que los feligreses ahora concurren menos a las misas. ¿Y los políticos?, pues se desviven por fotografiarse con el gato popular. No lo han conseguido porque Martín pide demasiado en calidad de contraprestación monetaria. La semana pasada han reunido a no menos de 50.000 espectadores en la avenida Del Libertador. Hasta los servicios de inteligencia de todo el mundo se cuestionan qué ocurre con ese gato parlanchín. Martín tiene 3 teléfonos, uno para su novia, otro para los amigos, y el tercero, ¿para el gato? Nadie lo sabe. Tampoco nadie sabe que por las mañanas el gato abre la boca y se traga un loro amigo que por las noches devuelve en la jaula del lavadero. Los canes no podrían igualarlo jamás.


Autor: Juanma Giaccone (01/09/2014).

viernes, 12 de septiembre de 2014

“EL DULCE PORVENIR”

Lo llamaban “El dulce porvenir”. En realidad se llamaba Luis, Luisito para sus íntimos, y “Luí” para la chinita, su amada. Luisito clavaba la pala en la tierra fértil, o infértil, no le importaba un carajo, y el acero brotaba esperanzas, porque donde ponía el ojo ponía la pala, y con la pala surgía el progreso. Tanto es así que, un inolvidable 14 de febrero de 1915, perforó con ansias una zona de la pampa y germinó la semilla de un pueblo, en una zona desierta, de aullidos y voces, quejumbrosas. Una crisis económica tajaba el porvenir nacional. Eso lo alentaba a seguir clavando esa pala que nunca se oxidaba, y de esos pedazos de tierra brotaban casas, y escuelas, e intendencias, como semillas regadas. “Esa pala tiene poderes sobrenaturales”, murmuraban los pueblerinos que paleaba, como si los juntara con una escoba, pero Luisito vivía en un ranchito, humilde, a la vera de un denso monte, aislado, habitado por cerdos, y vacas, y perros, un tanto hambrientos. Luisito solía desafiar las leyes de la naturaleza pero apenas sembraba su pedacito de tierra. Nadie entendía nada. Es que su pala escondía un secreto que aún hoy nadie puede revelar, menos yo, un simple mortal que busca esa pala enterrada, como tantos otros.

Autor: Juanma Giaccone (11/09/2014).

domingo, 7 de septiembre de 2014

EL MISTERIOSO CASO DE BENITO

A Benito le crecían las uñas de las manos. Tenía 12 años y su abuela no podía detenerlas. Usaba dos tijeras filosas para poder contenerlas. Por la mañana, bien temprano, le cortaba —al menos— tres centímetros, y por la noche otros cinco, pues durante el atardecer le crecían más deprisa. Ella no quería que los vecinos tomaran conocimiento de semejante barbaridad natural, o antinatural, porque a los 13 le comenzaron a crecer también las uñas de los pies, y los cortes pasaron a ser más complejos: por la mañana, siete centímetros, y por la noche, otros doce. De todos modos sus zapatos no resistían y se le agujereaban, al desdichado Benito. Su abuela solía encerrarse en el baño y lloraba, sin consuelo alguno, pero siempre se refregaba la cara y luego se maquillaba porque no quería demostrar lo mucho que sufría. Una tarde no aguantó más: tomó el teléfono y llamó al médico del barrio. Vivían en Bragado, la ciudad. Sin embargo cuando lo saludó le cortó. Le daba vergüenza. Su estado mental se estaba desequilibrando, ya no sabía cómo hacer para convivir con un muchacho a quien le crecían las uñas sin cesar.
Una noche invernal, justo cuando una tenue llovizna comenzaba a regar las plantitas de su patio, abrió la puerta que comunicaba con la calle y se marchó. No regresó jamás. Nueve días después un pibe fue hallado con las uñas de los manos perforándole los pulmones, muerto.


Autor: Juanma Giaccone (06/09/2014).

jueves, 3 de julio de 2014

¡Seguinos en facebook!

Hola, gente. Desde Estudio Contable Giaccone te invitamos a seguir nuestras publicaciones en la red social más importante del momento. Para seguirnos tenés que cliquear la siguiente dirección, o copiar y pegar en el navegador que más prefieras:



(O sino buscanos en el mismísimo facebook con el nombre de "Estudio Contable Giaccone").


¡Te esperamos!