viernes, 21 de julio de 2017

UNA BÚSQUEDA DESESPERADA (EPISODIO #369 / 2da. parte)


«¿Astor, te apetece ese ave maldita? Puedes comerlo si tienes apetito». Todo parecía indicar que su estómago felino estaba vacío, y que además me había comprendido, porque se acercaba cautelosamente con sumo sigilo, con su espalda horizontal sin emitir un leve sonido. Yo ni siquiera atinaba a respirar para no frustrar su cometido. Temía que perdiera el interés de saciar su apetito. Lograba vislumbrarlo, mi gato parecía un tigre asesino. El búho cabeceaba con raudos movimientos, pero no se movía ni un centímetro. ¡Ni un milímetro! De pronto me quedaba boquiabierto: se comportaban como viejos amigos tras varios encuentros fallidos, mimándose como una madre cuando le brinda amor a su crío. Y eso no era todo: el gato se frotaba contra su pecho, lamiéndolo, y el búho respondía con picotazos que le forzaban más de un maullido, en claro sentimiento de cariño. Encima giraba su cuello, casi dando giros completos, y luego abría sus alas, como queriendo cobijarlo en su plumaje pardo, que por cierto era más grande que todo su cuerpo. Era increíble, como Sofía, pero ella estaba lejos, aunque eso sí, siempre presente en mis sueños más bellos.


lunes, 17 de julio de 2017

domingo, 16 de julio de 2017

UNA BÚSQUEDA DESESPERADA (EPISODIO #368)


De pronto nos paralizábamos, dos grandes ojos, de amplia pupila circular, rutilaban en la oscuridad, como dos linternas. Estaban situados contra la pared, entre nosotros y el haz de luz que nos había motivado a explorar la cueva. El gato maullaba. Se desesperaba. Sujetaba la piedra con mi mano derecha, con mucha fuerza. Estaba dispuesto a defenderme, a romper una cabeza, pero esos grandes ojos estaban a ras de la superficie de tierra. No pestañeaba. Tan solo nos observaba, turbando mi calma, sudando la palma que seguía sujetando la piedra. Su mirada hipnótica erizaba a cualquiera. Como podía, juntaba fuerzas. Me acercaba lentamente cual puma acechando a su presa. Era un búho, un solitario y taciturno bicharraco de costumbres nocturnas, disfrutando de la oscuridad reinante en la cueva. Respiraba. Me oxigenaba. Los ronroneos del gato se colaban en mis orejas.


UNA BÚSQUEDA DESESPERADA (EPISODIO #367)


Tal vez ella era el reflejo de todo eso que yo no veía, en mi alma escondida. Apenas la conocía y pensaba en ella hasta cuando dormía. Su sensibilidad me atraía. Treinta pasos. La luz resplandecía en la oscuridad vencida. Sonreía. Pensar en Sofía me fortalecía.


sábado, 15 de julio de 2017

UNA BÚSQUEDA DESESPERADA (EPISODIO #366)


Mi corazón se aceleraba, alucinaba con Sofía, con su alma destruida, cobijada por habitaciones vacías. La extrañaba más que a cualquier tecnología. Su ausencia me estremecía. Los recuerdos no siempre son una buena compañía.