miércoles, 29 de marzo de 2017

Debes saberlo




¡Oh, princesa vampiresa, un murciélago viajó hasta casa, confundido con tu deslumbrante belleza!


Debes saberlo. 
Juanma.

domingo, 26 de marzo de 2017

Como murciélagos, de noche


Este viernes iré a buscarte, y viviremos de noche, como dos murciélagos, un tanto...
¡peculiares!


Con cariño, Juanma.

UNA BÚSQUEDA DESESPERADA (EPISODIO #358)


Arribábamos a la planta. Ninguna piedra había sido desplazada. Realmente era muy alta, y estaba aislada, como nosotros, pero lamentablemente no podía balbucear una palabra. No hablaba. El gato subía por el tronco como invitándome a seguir sus piruetas de acrobacia. Me daba vértigo, me revolvía las entrañas. Ni siquiera había puesto el pie en una rama. Giraba el cuello. Inmediatamente después hacía lo mismo con la espalda. Observaba todas esas piedras enigmáticas. No podía quedarme con las ganas de saber de qué se trataba. El gato maullaba. Perseguía animarme, entonces me colgaba de una rama, como una araña, y pataleaba, buscando alcanzar la otra rama, que me sirviera de apoyo para ponerme de pie y ascender cautelosamente por la planta.


sábado, 25 de marzo de 2017

UNA BÚSQUEDA DESESPERADA (EPISODIO #357)


Varios metros delante, tras unos treinta —o tal vez cuarenta— minutos de fatigosa caminata, hallaba un sinnúmero de piedras repartidas a lo largo y ancho de una superficie terregosa, como si alguien se hubiese encargado de tironear los pastos para arrancarlos de cuajo, todas milimétricamente estructuradas que hasta daba la impresión de que se rozaban, pero increíblemente no se tocaban, dándome a pensar que representaban cosas insospechadas. Mi limitada altura no me permitía contemplarlas. Soltaba el gato para pensar con calma. Como era de esperarse, caía parado entre unas piedras que le cercaban. Adentrándome con la mirada en la vasta pampa buscaba algo que me sirviera para examinarlas. A unos cien metros divisaba un árbol alto, de similares características a las de un algarrobo blanco. En su extremo superior se había deshojado. Tal vez por falta de agua. O por esas enfermedades que padecen las plantas. Esquivando las piedras para no alterarlas, caminaba a paso rápido en busca de las necesitadas ramas. No me sería fácil treparlas, pese a que esa fobia ya había sido superada.